Tuve la suerte de interactuar con Yuval Noah Harari en PuntaTech durante varios dias, y en su momento, lo critiqué demasiado irónicamente. Reconozco hoy que mi crítica fue simplona mientras que la Sergio Fogel fue realmente buena, pero especialmente al leer el lúcido contrapunto que David Deutsch presenta en "The Beginning of Infinity". Me obliga a reexaminar a Harari, no para desestimarlo por completo, sino para entender dónde sus brillantes hipótesis, a mi juicio, se tornan en una sobresimplificación determinista que coquetea peligrosamente con el nihilismo.
Harari, en obras como Sapiens, ha articulado cómo las "órdenes imaginadas" —ficciones colectivas como naciones o dinero— nos permitieron cooperar a gran escala, un motor clave para nuestra dominación planetaria. Sin embargo, su insistencia en que el libre albedrío es un "mito" y que somos esencialmente "animales hackeables", moldeados por algoritmos bioquímicos y condicionamientos ambientales, tiende a reducir la experiencia humana a una serie de respuestas predeterminadas. Su perspectiva, que postula el significado y los derechos como meras "ficciones compartidas", si bien provocadora, puede dejar un sabor a una complacencia casi nihilista sobre el valor intrínseco de la existencia humana.
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