Tuve la suerte de interactuar con Yuval Noah Harari en PuntaTech durante varios dias, y en su momento, lo critiqué demasiado irónicamente. Reconozco hoy que mi crítica fue simplona mientras que la Sergio Fogel fue realmente buena, pero especialmente al leer el lúcido contrapunto que David Deutsch presenta en "The Beginning of Infinity". Me obliga a reexaminar a Harari, no para desestimarlo por completo, sino para entender dónde sus brillantes hipótesis, a mi juicio, se tornan en una sobresimplificación determinista que coquetea peligrosamente con el nihilismo.
Harari, en obras como Sapiens, ha articulado cómo las "órdenes imaginadas" —ficciones colectivas como naciones o dinero— nos permitieron cooperar a gran escala, un motor clave para nuestra dominación planetaria. Sin embargo, su insistencia en que el libre albedrío es un "mito" y que somos esencialmente "animales hackeables", moldeados por algoritmos bioquímicos y condicionamientos ambientales, tiende a reducir la experiencia humana a una serie de respuestas predeterminadas. Su perspectiva, que postula el significado y los derechos como meras "ficciones compartidas", si bien provocadora, puede dejar un sabor a una complacencia casi nihilista sobre el valor intrínseco de la existencia humana.
Aquí es donde David Deutsch entra con una perspectiva que, para mí, ofrece una filosofía mucho más robusta sobre nuestra inteligencia y sabiduría. Deutsch, con su "optimismo racional", rechaza este "determinismo científico espantoso". Para él, el progreso no es una serie de accidentes o adaptaciones a ficciones, sino el resultado de la "tradición de la crítica" y la incesante creación de "conocimiento explicativo": ideas que son "difíciles de variar" y que nos permiten entender y transformar el universo.
Mientras Harari ve nuestras elecciones como el resultado de fuerzas biológicas y sociales, Deutsch argumenta que el libre albedrío reside en nuestra capacidad para crear información y nuevas ideas, para controlar nuestro destino a través de elecciones genuinas. Los humanos, según Deutsch, somos "constructores universales", no meros títeres de nuestra biología o de las narrativas que creamos. Él nos presenta una visión de un "comienzo de la infinidad", un viaje ilimitado de conocimiento y progreso, donde cada problema es soluble y la creación de conocimiento es lo que nos otorga propósito y significado, trascendiendo las "ficciones compartidas" de Harari.
En última instancia, si bien Harari nos da una gran narrativa histórica, Deutsch nos ofrece un marco "filosófico" que honra la complejidad, la creatividad y el potencial ilimitado de lo que significa ser humano. Nuestra inteligencia y sabiduría son mucho más profundas que lo que un determinista simplista puede proponer. Son la chispa de una capacidad infinita para resolver problemas y construir explicaciones, una fuente de optimismo que Harari a menudo, y quizás sin intención, subestima.
