¿Y si la paradoja de la elección no existe como tal?

The Paradox of Choice es uno de los conceptos más difundidos en Teoría de la Decisión, y básicamente es una paradoja porque, resumidamente, a mayor cantidad de opciones disponibles, en vez de aumentar la “libertad” de decisión personal terminamos teniendo momento de paralisis e indecisión, junto a un aumento de la ansiedad y el stress que nos domina.

Interesantemente esto es algo harto conocido en todo circuito de tecnología y hasta se usa en teoría de trading para explicar algunas cosas; de hecho Barry Schwartz hasta dió una charla genial en TED 2004; pero es interesante que el Financial Times en Given the choice, how much choice would you like? diga que ese efecto no existe y que incluso hayan haecho estudios para comprobarlo… pero que hasta 4 Hours a Week lo destruya a medias… pero ¿y si la sobrecarga de información a la que estamos sometidos diariamente, y que disfrutamos, nos ayudó a manejar mejor está situación?

Y si en vez de ser una teoría errónea el concepto de disonancia cognitiva está cambiando gracias al efecto de la web 2.0 y el contínuo nacimiento de nuevas fuentes de información, algortimos que ayudan a elegir, filtros colaborativos que ayudan a evitar elecciones estadísticamente erróneas… ¿estará cambiando tanto?

4 thoughts on “¿Y si la paradoja de la elección no existe como tal?”

  1. desde hace mucho tiempo se dijo esto de Linux y es un buen ejemplo para tomarlo y analizarlo.

    De un sólo kernel pasás a tener cientos de distribuciones de las cuales sólo 5-6 son realmente importantes y el resto nunca tuvo una masa crítica notable.

    Pero es curioso porque cuando una de esas 5-6 se “traba” es rápida la adopción de cualquiera de las otras miles cuando surje con una mejora que la otra prefirió evitar.

    Si uno ve la migración de usuarios de linux entiende que las opciones no son tan malas pero que al mismo tiempo cada uno no puede manejar más de 3-4 opciones o se vuelve loco. Lo interesante de tener un ecosistema diverso es que uno puede ir moviéndose entre miles pero seleccionando una pequeña cantidad para uno.

    Lo mismo sucede en el universo de aplicaciones linuxeras, una vez elegida la distro volvés a lo mismo a la hora de elegir cual es tu aplicación perfecta para tal o cual tarea. Obvio, las distros modernas te ofrecen una sola aplicación para X tarea, pero uno siempre puede descargar e instalar otra libre desde los repositorios.

    Es esta libertad de elección la que provocó que se deje de usar, por ejemplo F-Spot para Ubuntu 10.10 (la próxima) o que se pase de Gnome a KDE y de KDE a Gnome en varias oportunidades (hoy en día estoy esperando una mayor adopción de KDE pero tengo que esperar sentado parece :P)

    La sobrecarga de información puede ser perjudicial pero lo que tiene de genial es que los medios “2.0” te permiten conocer algo que para muchos pasaría inadvertido y lograr una migración masiva hacia esa aplicación, por ejemplo, el mismo Ubuntu o Firefox lograron su éxito gracias a esto.

    Uno descubre
    Lo comparte con un amigo
    Lo comparte en un sitio de contenido comunitario (Digg, Reddit, Slashdot)
    Se suma más gente
    Se suman opiniones
    Se adopta
    Las distros notan esto y lo terminan adoptando en la instalación default.

    Para el Financial Times tal vez esto nunca fue considerado, no lo dudo, tampoco dudo que jamás visitaron un sitio como Reddit :D

  2. Demasiadas opciones definitivamente le complican la existencia a cualquiera, a la hora de elegir un Linux, una Casa o un Cobayo. Pero, el “filtro 2.0”, que permiten los actuales medios sociales es realmente un genial punto de partida… ES la solución al problema, al menos para dar el primer paso y luego, a medida que uno se va informando ver si la decisión fué acertada o hay que hacer algún cambio de dirección.

    No se que demonios haríamos sin estas herramientas; definitivamente dependeríamos de las apestosas paginas de resultados de búsqueda de Google… y eso seria muy triste :P

  3. El tema no es si existe o no la paradoja de la elección sino darnos cuenta de que para algunas personas existe realmente esta dificultad para elegir entre un gran conjunto de opciones y para otras dicha dificultad no existe porque prefieren confiar en lo que digan los “especialistas”.

    Por ejemplo, en un experimento realizado en Alemania se vio que un 10% de personas “activas” son capaces de dirigir a un 90% de “pasivas” hacia una determinada dirección, de manera similar a lo que ocurriría en un cardumen. Pensemos, por ejemplo, en el universo de personas aficionadas a la tecnología y en sus decisiones: lo más probable es que la mayoría simplemente decida hacer lo que los gurúes del momento le digan que haga, tanto en lo que se refiere a los dispositivos que debería comprar (un iPad, un iPhone, etc.) como a los servicios que debería usar (Twitter, Facebook, etc.). Este gran conjunto de gente muy probablemente no ha evaluado ni sus necesidades ni las múltiples opciones existentes para cubrirlas, sino que simplemente ha delegado la tarea de decidir a otra persona. ¿Cuántos compradores de un iPhone sólo necesitan un Nokia 1200 o cuántos usuarios de Facebook lo que necesitan es ser voluntarios de alguna asociación en el mundo real?

    Ahora bien, si realmente el 90% de personas se comportan ante muchas decisiones como un cardumen, eso siginificaría que la paradoja de la elección tal vez sólo exista en toda su magnitud únicamente para el 10% restante. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que una persona que forma parte de este 10% cuando se trata de productos tecnológicos probablemente forme parte del 90% cuando se trata de elegir entre cajas de cereal o entre destinos para ir de vacaciones, lo que significaría que a todos los seres humanos se nos presentaría la paradoja de la elección en los temas que dominamos, pero no en todos aquellos en los cuales simplemente seguimos al cardumen.

    Que las nuevas fuentes de información, ránkings y recensiones pueden ayudarnos a decidir mejor, indudablemente. Pero elegir no sólo implica decidir entre un conjunto de opciones sino también preguntarse si lo que estoy eligiendo me acerca o me aleja de mis grandes objetivos. Si uno de mis grandes objetivos fuera tratar de salir con mayor frecuencia a la calle para lograr vivir menos en el mundo virtual y más en el real, comprar cualquier teléfono con acceso a Internet para llevarlo conmigo me estaría alejando de dicho objetivo y decir que lo voy a comprar sólo porque así podré ver GoogleMaps y no perderme en las calles de mi ciudad no sería más que un gigantesco autoengaño. Por tanto, en ocasiones, el problema no está en elegir entre un conjunto de opciones sino el tener la fortaleza de no elegir ninguna de ellas pues en realidad debo decidirme por algo que en el fondo considero superior (como los padres que no saben qué consola de videojuegos comprarle a sus hijos cuando quizá no debieran comprar ninguna y más bien pasar más tiempo con ellos).

    Por otro lado, las propias valoraciones que hacen los compradores de un determinado producto tienden a crear exactamente el mismo efecto cardumen que el creado por los gurúes. Compro un libro porque dicen que es bueno, voy a un determinado hotel porque dicen que es limpio y de precio conveniente, veo determinada película porque dicen que es una obra de arte. De este modo, la persona delega a otros sus decisiones y hace que prácticamente no exista la paradoja de la elección. En ciertos casos esto podría ser positivo porque no siempre hay el tiempo necesario para uno mismo evaluar todas las opciones, pero en todas las cosas importantes de la vida deberíamos hacer el trabajo por nuestra cuenta aunque nos lleve tiempo y nos cree tensión. De este modo, quizá descubriríamos que hay muchísimas cosas que no necesitamos comprar y que existen muchas actividades y lugares nuevos por descubrir.

    Llegar a ser personas autónomas y libres es difícil y saber elegir con sabiduría entre un conjunto de opciones es complicado. La multiplicidad de opciones siempre creará al inicio una gran tensión interna, pero cuando uno se empieza a volverse experto en algo, las decisiones se vuelven cada vez más sencillas. Es claro, además, que lo ideal sería que todos seamos expertos en todo o por lo menos en lo más importante. De este modo, evitaríamos que otros nos engañen o nos impongan su criterio.

  4. ESTA PRESENTACION ES ESPECTACULAR!
    LA VI HACE UNOS MESES Y HACE POCO ME ENCOTRE CON EL LIBRO QUE RECOMIENDO MUCHO “MAKING IDEAS HAPPEN”, QUE EN UN MOMENTO DICE QUE ES MAS IMPORTANTE HACER SIN TANTA CONVICCION QUE DEJAR DE HACER Y QUEDARSE PENSANDO EN POSIBILIDADES.

    HACER ES LO MEJOR, PORQUE SI TE VA MAL APRENDES Y TE SCAS LA DUDA Y AVANZAS.

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