El costo emocional de emprender

depresion emprendedores

Cuando uno mira la cultura emprendedora -especialmente en nuestros mercados- lo único que se escucha es “cambiemos el mundo” o “work hard, play hard” pero nunca se habla del costo psicológico de emprender; del costo del rechazo constante de tu idea, del valor de una red de soporte, de caer en cosas como el síndrome del impostor o de la chance de perder el balance en tu vida. Y todo esto repercute en el único actor que el ecosistema parece olvidar al abstraer todo en un ¡haz lo que amas!”.

Es curioso porque la vida de un emprendedor tiene mil satisfacciones y hablamos de una montaña rusa emocional con risas y como un chiste, pero ¿cuántos de nosotros apoyamos programáticamente a un emprendedor a pasar todos estos desafíos? ¿Cuántos explicamos que hay momentos en tu carrera que implican un cambio de mindset y en los que tus habilidades sociales son las que te van a ayudar a triunfar? ¿Cuántos explicamos que emprender incluye siempre el apoyo de tu familia? ¿Qué valor le damos a apoyar a los que fracasan (aunque sea relativo) más allá de decirles “ojalá hayas aprendido algo porque esto es una lección”?

Momentos de cambio
Cuando empezás a emprender y tenés una idea que querés convertir en empresa, el ecosistema te aplaude pero también te presiona para “go big or go home”, “change lives, change the world” o para a tener el sello de aprobación de alguna ONG, que simplemente refuerza el costo psicológico de estar siempre arriba de todo.

Sin embargo, este momento es el de mayor cantidad de “no” que vas a experimentar; por cada inversor que confía en tu idea hay 20 que dijeron “no” (con mayor o menor empatía). Por cada actor del ecosistema que te conoce hay 20 que no te conocen pero tienen alguna opinión sobre vos, y ahí empezás a construir un caparazón emocional que te sirve, por un lado, para a) lidiar con el rechazo b) ser aceptado por el ecosistema que te rodea y que necesitás; pero por otro lado ese caparazón te cierra emocionalmente para no aparecer “con fisuras”.

No conozco una aceleradora, no conozco un fondo de inversión, no conozco una organización de emprendedores que ayude de forma programática a otros emprendedores a superar estos momentos.

Pero hagamos de cuenta que te convertís en un CEO y tu compañía comienza a crecer… ¿quién ayuda a explicar el cambio de actitud que el emprendedor debe tener? Definir el norte del equipo, delegar en terceros, evitar el micromanagement pero mantener en la cabeza toda métrica y convertirte, sobre todo, en un buffer organizacional para que el equipo no pierda rumbo ni esperanzas cuando una ronda se demora, cuando tu COO se va a una corporación a ganar cinco veces más de lo que podés pagarle, o cuando un país devalúa un 90% en un año… ¿alguna vez pensaron que un emprendedor muchas veces no duerme de noche?

[Caso 1. Uno de los inversores más conocidos de Latam tiene como costumbre re-negociar con la frase “si yo hablo mal de vos no vas a cerrar una ronda más en tu vida”, y muchos emprendedores (que no me lo cuentan) terminan estresados y aceptando condiciones leoninas por sentirse vulnerables frente a alguien que tiene años en el ecosistema.]

Síndrome del impostor
Les recomiendo leer el original “The Imposter Phenomenon in High Achieving Women: Dynamics and Therapeutic Intervention” escrito en 1978 y publicado en Psychotherapy Theory, Research and Practice porque más allá de los avances reales en este tema hay cosas que son clave en nuestro mundo emprendedor… y si te parece que “in high achieving women” implica que no te afecta, estás mal :)

Despite outstanding academic and professional accomplishments, women who experience the imposter phenomenon persists in believing that they are really not bright and have fooled anyone who thinks otherwise. Numerous achievements, which one might expect to provide ample object evidence of superior intellectual functioning, do not appear to affect the impostor belief.

Hay cuatro o cinco actitudes o momentos de este síndrome donde uno puede verse reflejado y, repito, esto no es lineal sino que hay combinaciones.

El caso principal es pensar que uno tuvo suerte y decir “I’m not good enough to be on the faculty here. Some mistake was made in the selection process”. Es típico, y no me canso de hablar con emprendedores y explicarles cómo, con su capacidad y trabajaron, ayudaron a la suerte que tuvieron.

Otro que me sigue sorprendiendo es llegar al burn-out porque “van a darse cuenta que soy un fraude” y comienza un ciclo en el que empezás a trabajar más fuerte para tener mejor performance y aprobación del mercado pero que, al lograrlo, pensás que tu caída va a ser peor y …. empezás a trabajar más fuerte para tener mejor performance y aprobación del mercado pero que, al lograrlo, pensás que tu caída va a ser peor y … así sucesivamente.

[Caso 2. Si quieren les cuento lo que me costó a nivel personal este ciclo, cómo terminé quemado y me fui de un mercado -que todavía no entiende bien por qué renuncié- pero tampoco entiende lo que me costó a nivel familiar caer en ese estado, en el que llegó un momento en el que ya no podía trabajar más fuerte y sólo sentía “¿ves? era verdad… soy un fraude”].

Aunque muchos lo sabemos, muchos tratamos de frenarlo y en ESE momento no podemos lograrlo; lo peor es que hay actores que intuitivamente lo saben y atacan en ese momento porque, repito: no conozco una aceleradora, no conozco un fondo de inversión, no conozco una organización de emprendedores que ayude de forma programática a otros emprendedores a superar estos momentos.

Sos tu único activo irremplazable.
Desde 1999 cuando empecé a bloguear hay mantras que mantengo y que me encargo de comunicar a cada emprendedor que conozco y que mentoreo; por ejemplo, siempre digo que el tiempo es finito y debés hacerlo valer porque estás en una carrera contra el mercado y una ventana de oportunidad que se cierra… pero siempre hay puertas que se abren u otras ventanas por donde podés entrar, o cuando estás en una ronda y aparece el mito de que lo importante es cuánta plata pueda poner un inversor.

Sheryl Sandberg, D.E. Shaw, Jeff Friedland, David F. Marquardt, Ray H. Dalio… estos nombres son una muestra de que los emprendedores más importantes del mundo saben cuándo necesitan delegar, pedir ayuda, tener una red de contención y que tienen en claro que lo único irremplazable en todo el ecosistema es el emprendedor en sí mismo, y por eso hay que cuidarlo y nutrirlo más allá de una sesión técnica o financiera.

¿Qué hacer entonces?
Lo primero que deberíamos hacer es entender que hay un costo emocional y que nadie lo habla abiertamente; si no sos un emprendedor sino otro actor del ecosistema (inversor, mentor, etc.) dedicale tiempo y empatía a los emprendedores… aunque tengas que decir que no a una inversión o que una idea no te parece buena: pocas personas me enseñaron a mirar ese elemento más que Gonzalo Martín-Villa en Wayra, por esa capacidad de dedicarle tiempo a cada uno.

Si sos emprendedor hay un par de cosas que me sirvieron y otras que fui recopilando a lo largo del tiempo:

  • Si sos capaz de pensar a largo plazo vas a descubrir dos cosas 1) que las experiencias del pasado que pensaste eran destructivas no te destruyeron y 2) que a futuro seguramente esta no sea tu última aventura… sobre todo si sabés pedir ayuda.
  • Pedir ayuda no sólo no te debilita sino que te ayuda a encontrar nuevos puntos de vista, porque al formalizar tus problemas surgen del diálogo y no sólo de escuchar pasivamente; la base de mi amistad con Damián Voltes es su capacidad de escuchar y opinar y preguntar genuinamente… cuando soy capaz de llamarlo con un “che, tengo un problema y podría usar tu cerebro”. Si no hubiera tenido el coraje de llamarlo quizás nunca hubiese escuchado sus puntos de vista.
  • Ampliá tu campo de visión. Yoga, running, meditación, canto, tareas creativas que activan partes de tu cerebro que te bajan la tensión sin sacar el foco de tu startup, pero permitiendo realmente recargar energía (hat tip: Calm hace maravillas en mí, Headspace no me funcionó. Elegí lo que te funcione y te haga bien… @laclaux canta y y le hace genial!)
  • Delegá, delegá, delegá. No sos una máquina y no podés hacer todo. Podés tener opinión en todo pero no podés hacer todo: cuantos más campos abarques, menor va a ser la profundidad de tu impacto. Al delegar podrás descubrir talento en otros, y de hecho sacarte tareas repetitivas te va a ayudar a enfocarte que, al final de cuentas, termina siendo el nombre del juego. Varels de Matias Bergman es una gran solución de asistentes virtuales.
  • Ejercitate. Esto lo descubrí a la fuerza: un stent y una lesión lumbar que me tiene hace tres meses con tramadol, pregabalina y más cosas están simplemente destrozando mi productividad. El centro del ecosistema es el emprendedor y sin estar sano no hay chance de poder soportar un ritmo agotador.
  • Buscá otros emprendedores. EO es un gran ejemplo de una ONG que busca generar espacios donde el peer-support te ayuda más allá de un LOI o Financial Statement, como compartir ansiedades o dificultades en tu core familiar. Debe haber cosas similares pero por favor aceptá ayuda si la pedís, sino no tiene sentido.
  • Familia. Cuidala, es tu última línea de defensa y de apoyo y contención. Tres momentos clave de mi vida se decidieron gracias a que la madre de mi hijo fue capaz de decirme “somos un equipo, hagámoslo”: sin ese impulso no podría haber estado acá pensando cómo compartir esto

Sólo quiero cerrar con dos cosas que son una realidad: las chances de éxito están en contra, pero este es el juego que elegimos jugar al emprender, y para aumentar tus chances de triunfar tenés que estar bien a nivel físico y emocional, con un balance de vida que te ayude a que tu éxito tenga sentido y no esté vacío.

Porque les juro que el éxito no te protege de nada.

6 thoughts on “El costo emocional de emprender”

  1. Muy buena pieza Mariano, y en efecto, la mayoría de las personas obvian el apartado emocional.

    Como decía recientemente en una entrevista que me hacían, creo que lo más jodido de emprender es lidiar con ese momento en el que fracasas y la gente que te quiere te dice eso de “te lo dije”.

    https://www.pabloyglesias.com/emprender-es-una-mierda/

    Salir de eso es jodido. Por mucha coraza que te hayas creado. Y es curioso que dentro de los elementos a considerar por inversores no haya una participación mayor de los círculos familiares de los propios emprendedores. A fin de cuentas, y como bien dices, el emprendedor es el principal activo de la inversión. Y su salud, y por ende su salud emocional, es crítica a la hora de valorar su potencial.

    1. @pablo,
      como andas? es que en ese caso seria complicado tratar con variables ambientales y los inversores no podrian hacerlo, pero lo que si pueden hacer es preguntar cada tanto como anda la vida de sus emprendedores.

  2. Gran artículo, felicitaciones. Se ve tiempo vivido en carne propia detrás del relato. Me permito hacer algo absolutamente repudiable una vez escrito, que es agregar una comentario al final, perdón por eso. Es más que un comentario una pregunta tabú en el ecosistema: ¿vale la pena ese costo?.
    Un abrazo!

    1. @luciano
      eso es algo que vos tenés que preguntarte… en mi caso a veces fue genial y a veces fue una muy mala apuesta, pero tenés que pensarlo vos :)

      1. Claro que me lo pregunté y me lo pregunto. No hablaba de mí, ni pedía un consejo. Postulaba una pregunta que muchas veces está ausente. Gracias por responder! un abrazo!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.