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Innovación científica y economía del conocimiento

Reflexiones de una investigadora con ADN digital. Cuáles son los desafíos para la innovación científica en Argentina y qué nuevo rol podría tener el financiamiento privado.

Pasaron casi 10 años desde la última vez que escribí en el blog de Mariano. En esa época mi mundo eran los blogs, los emprendimientos, las redes sociales, y el vino. Por el burn out que el ritmo y los objetivos de ese mundo me dejaron, decidí meterme en la academia, un poco a la inversa de la tendencia ya que los que salen del mundo académico buscan insertarse en una industria.  

Pasé a un ecosistema diferente al de “move fast and break things«, pero igual de difícil. De hecho leí ayer de nuevo el post de Mariano sobre el costo emocional de emprender, y es lo mismo que vas a leer con respecto a la vida del doctorando-investigador.🥲 Y hay incentivos, riesgos a tomar, reglas, tips, etc. [Paréntesis: el mundo académico-científico no se salva de la grieta].

Por eso comparto algo sobre la innovación científico-académica, en este blog que es uno de los más leídos de América Latina sobre tecnología y emprendimientos 😉.

Me resulta curioso que si bien en el ámbito emprendedor y en algunxs gobiernos se incentiva la «economía del conocimiento», que hace referencia al desarrollo del sector digital o informacional (en oposición al industrial); pero se concentran los esfuerzos en las empresas y emprendimientos, mientras que es en el sistema científico -por default- en donde se produce el conocimiento.

Este sistema académico-científico invierte mucho en la formación del investigador (pongámosle casi 10 años), y luego se requiere la estructura en la que puede “crear” conocimiento e innovar. Sería importante que haya un ecosistema que lo complemente.

Podría incluir citas y definiciones sobre innovación, pero en su mayoría tienen que ver con la aplicación de un método nuevo, las técnicas que permiten resolver un problema, etc. Pero es en sí la nueva forma de definir un problema claramente y resolverlo lo innovador (Berkun, 2007).

Tanto en la innovación científica como en la filosofía o en la educación, el foco se pone cada vez más en esta relación entre el problema y la solución, es decir, entre la necesidad de no ver al problema como una dificultad, sino como una instancia del proceso de pensamiento.

Desde los años ’90, con respecto a la innovación tecnológica organismos como la OCDE (1992) dicen que está a cargo de las empresas, y dejan a las universidades y centros de investigación un rol residual ya que -argumentan- están en aspectos más bien abstractos de este fenómeno. Esto que definen como abstracto es la condición sine qua non para que haya una aplicación.

Algo que es central en la innovación científica hoy es la flexibilización de los campos del conocimiento y del talento humano. Esto es, un cruce de visiones, modos de hacer ciencia diversos, de ver y hasta definir un objeto de estudio.

Si quieren verlo en ejemplos de startups, las de biotecnología involucran al menos dos disciplinas e investigadores de distintos campos (genética , informática.). Pero esto se traslada a las humanidades y ciencias sociales, a la computación y la filosofía.

Es tan alta la especialización en las ciencias y tan escaso el financiamiento que si no suceden esos cruces los científicos están cada vez más limitados a la hora de conseguir recursos para crear algo nuevo en el sistema científico que hoy es global.

En Argentina las agencias nacionales siguen el estándar de Europa y Estados Unidos. Es decir, son clásicas, y cumplen el mismo rol que las del primer mundo. La diferencia es que en esos países además de esas organizaciones, hay universidades que son potencias en investigación e innovación. Nuestras universidades destinan gran parte de sus recursos a tratar de incluir a todxs las estudiantxs de su territorio, el sistema pasa años invirtiendo en el investigador, y ese investigador además tiene que publicar, viajar, ir a seminarios, etc.

Sería interesante en el sector digital o de la economía del conocimiento encontrar nuevas formas, e instancias en las que el financiamiento privado colabore con el público en la investigación más allá de las competencias de startups. Colabore, no reemplace. Llegar a la instancia de un productores da de un largo proceso. Hay muchas fundaciones en todo el mundo que ofrecen oportunidades en su propio sistema.

La dinámica que aumenta las posibilidades de financiamiento surge del intercambios entre investigadores y científicos, que no está en manos de funcionarios o de los medios sino que exige a los investigadores dedicar gran parte del tiempo a que otrxs conozcan su trabajo y las posibilidades de colaboración, algo que exige mucho tiempo.

Esto es porque si bien la innovación de un país puede surgir de decisiones políticas (que en nuestro caso sabemos son blanco un período y negro el otro) en la academia es un modelo de innovación bottom-up.

Sobre esto siempre pongo el ejemplo sobre el MIT Media Lab, en el que estuve en 2018 presentando un paper sobre una nueva forma de definir problemas justamente. El Media Lab no es una facultad, sino que cada proyecto es un departamento de investigación o hasta puede verse como una startup. Tiene hasta una identidad y es una marca en sí. Han salido de ahí plataformas como Scratch que cualquier escuela de Argentina (pública o privada conoce), por mencionar una.

MIT Media Lab, 2018.
El interior del MIT Media Lab. Crédito: Joi Ito.

Tiene algunas superestrellas como Neri Oxman y tenia de Director a Joi Ito, a quien muchos conocemos del mundo emprendedor. Ito tuvo que renunciar luego del escándalo de Epstein, pero sigue siendo un centro de investigación de donde surgen iniciativas únicas, lo que nos deja algunas lecciones:

1) La importancia de la ciencia experimental.  En el Media Lab las empresas se vinculan desde el principio con los investigadores: desde la etapa de exploración, pasando por la formulación de la idea, al desarrollo de prototipos y sacando productos al mercado.

2) Los que hacen tecnología colaboran con los mismos que analizan en dónde puede fallar a nivel social:  hay programadores, ingenieros y antropólogos o cientistas sociales en un mismo proyecto. 

Facebook, por ejemplo, que hace muchos años empezó a colaborar con centros de investigación social en Alemania y Estados Unidos para calibrar un poco los efectos negativos de sus algoritmos. Las empresas de tecnología más importantes incorporaron perspectivas de las humanidades para que sus desarrollos no destruyeran los ecosistemas sociales en los que impactaban, o al menos para comprender su alcance.

3) No se puede seguir con el “business as usual” que dejó el caso de Epstein, y muchos otros en Silicon Valley, y seria bueno pensar en cómo esto impacta en ‘science as usual’. Aunque hay que decir que el esquema de ese país está lejísimos del nuestro.

Por ende, y volviendo a la relación entre innovación y startups o financiamiento, en muchos casos desde el sector privado se financia “Investigacion aplicada”. Se entiende, sobre todo por el letargo económico que vivimos. Pero para llegar a la investigación aplicada hacen falta décadas de experimentación, y de esos cruces entre investigadores que menciono. Esto justo salió en una nota de hoy en la revista Time sobre el acontecimiento decisivo de 2020: las vacunas.

Los científicos al frente de las vacunas de las que el mundo está hablando en la portada de la Revista Time.

Es en esta etapa de desarrollo experimental que no solo sucede en ámbitos como la epidemiología, la biotecnología, etc. que es necesario darle más recursos a los jóvenes investigadores y científicos. Lo mismo podríamos pensar para el sector de la economía del conocimiento. Sabemos todos que el sistema, y más todavía en un país golpeado por la pandemia es difícil.

Se necesita poder hacer-fallar-explorar-colaborar-publicar, etc. y es un sistema que tiene una iniciación y formación larga como ya les comenté. Los incentivos para proyectos de investigación son acotados, con períodos menores al que requiere la formación.

Cuando hablamos de economía del conocimiento se pone el foco en la robótica y enseñar a programar, importantes para el mundo que ya vivimos pero acotadas, imho

Sin entrar en una discusión de público-privado, porque la ciencia ES un bien público, creo que hay dinámicas de apoyo  que servirían, sumado a la articulación que ya existe,.

La misma pasión que tienen muchos emprendedores, la tenemos muchos investigadores y la tienen muchos científicos senior, en los dos ámbitos se necesitan ecosistemas que promuevan el desarrollo profesional, económico y humano

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Networked Inquiry and Performative Knowledge, el paper que presenté en MIT Media Lab en 2018. Mi perfil en Researchgate