Priming

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Por Santiago Pochat.

Existe el mito de que como seres humanos conscientes somos capaces de constantemente distinguir cuando estamos siendo influenciados de manera externa.

La realidad es otra, nuestro cerebro se divide de manera consistente en dos partes una consciente y una inconsciente que opera más de lo que se estima. Por ejemplo, alguna vez llegaron a su casa manejando sin acordarse cómo? Porque iban charlando con amigos, hablando por teléfono o pensando en la lista del supermercado? Continue reading

La vida de las palabras.

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Por Santiago Pochat.

Partamos de la base de que las palabras tienen más de una definición. Que a veces esas definiciones conflictuan desde el contexto, o desde su proposición gramática. Vayamos más allá entonces: vayamos hacia qué es lo que nos confunde hoy sobre cómo definimos lo que nos rodea y hablemos de lo omnipresente. Hoy vamos a explorar dos términos, uno específico y uno más general.

Amigos

El número de Dunbar establece que sólo podemos mantener relaciones sociales estables con aproximadamente 150 personas en simultáneo. Es decir el número de personas de las cuales podemos estar pendientes (de manera consciente, claro).

¿Qué pasa cuando nos vemos frente a la libertad de expandir la capacidad de nuestro cerebro permitiendo mantener más conexiones, no menos reales, y tal vez más reales que nunca antes? La cuestión es que nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para recordar tanto a corto como a largo plazo; por lo tanto, a medida que llenamos y sobre-escribimos, nos olvidamos de caras y nombres. Mas aún, a veces la información no se guarda de manera subconsciente porque nuestro cerebro está ocupado con otros procesos (highway hypnosis o automaticity, se le dice en inglés a esa sensación de estar en piloto automático). Por eso es que a veces necesitamos que alguien nos repita su nombre o que una cara nos resulta familiar sin saber de dónde ni de cuándo. La información queda guardada en partes incompletas que llenamos de manera automática cuando nuestra parte consciente tiene que usarla.

La interpretación de la palabra “amigos” se ha vuelto un tanto más general en cuanto nuestros “amigos” son todos, desde nuestros padres con Facebook hasta gente que conocimos una noche de juerga. Es una simplificación que busca motivar la super-conexión.

El concepto de amistad ha quedado degradado entonces por asociaciones simples: conocemos a alguien y la incorporamos en un banco de memoria externo –digamos, en este caso, Facebook- a fin de no olvidarnos y no perder esa conexión. Es una extensión más como lo fue la escritura en su momento. Al incorporarla, el hombre lo hizo como una manera de extender su memoria fuera de su capacidad limitada hacia un lugar de referencia. En concreto, lo que hacemos es tratar a Internet, y, en consecuencia, a su capacidad de comunicación, como una parte más de nuestra existencia diaria. Tanta es la necesidad de herramientas así que ya existen generaciones enteras que dependen de herramientas como las redes sociales a fin de ser socialmente incluidos, ¿o se imaginan a una persona de 14 años sin Facebook?

Estoy generalizando y hablando de un público en general, si estás leyendo esto probablemente me entiendas. No quiero ni hablar de la gente que no tiene acceso simplemente porque no es lo que nos ocupa hoy, a no ser trolls.

Persona

¿Qué nos define como tales? ¿Somos todos personas? ¿Algunos más o menos que otros?

El diccionario define la palabra como “individuo de la especie humana”. Pero yo busco otra definición más cercana al origen latino de la palabra, algo que defina qué nos define como personas hoy. Y es tan simple y claro que es difícil entender cómo no lo vimos antes.

Persōna – 1. Máscara 2. Personaje 3. Personalidad

Qué tanto nos hemos retrotraído hacia los antiguos griegos que hoy en día es justamente lo que somos. Ya sea por acto de transparencia y filtro o por mera ficción, somos todos personajes. Algunos parece que vivimos de menú en menú (Mariano, te estoy mirando) y otros directamente eligen una vida de ficción. No voy a nombrar nombres pero, hacer check-in en un lugar en el que no estás es muy fácil, y he visto a más de uno recorrer distancias enormes en minutos.

Las decisiones que tomamos a la hora de revelar son parte de nuestra personalidad, o al menos el reflejo consciente de lo que queremos para nosotros mismos. Tanto como antes tener algún tipo de teléfono móvil era un símbolo de estatus, hoy lo es tener una foto con alguien o revelar el hecho de que estás saliendo todas las noches porque en algún lado alguno de tus seguidores está en su casa preguntándose como él o ella está en su casa el viernes por la noche.

¿Quiénes somos entonces sino los personajes que elegimos representar en esta ficción semi-guionada a la cual llamamos social media?

Somos un reflejo de nuestra expectativa y no nuestra realidad.

La información -no importa el formato- es sujeta a ser transmitida tanto de manera consciente como de manera inconsciente, y por eso parte de ella cae absolutamente fuera de nuestro control. Existe un sesgo invisible que nos separa: la ansiedad social de ser popular, la de no sentirse solo o la del autocontrol. Porque esos filtros son más reales de lo que creemos, desde las citas que publicamos hasta las fotos que subimos a Instagram. Todas dicen algo (o nada) de lo que somos, hacemos o dejamos de hacer. Creemos que hay más secretos, que “nadie nos conoce” pero la realidad es que Internet y, más específicamente, eso llamado social media evolucionó la posibilidad de ser libre de manera anónima a ser esclavo de nuestras propias inseguridades.

Más persōnae que nunca.

Post escrito por Santiago Pochat que se aburrió de escribir en inglés y grita esporádicamente cosas elocuentes en Twitter como @sapochat. Si no se entiende le avisan.

Nemo sine vitio est.

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Por Santiago Pochat.

Me resulta increíblemente difícil acercarme al tema Cuevana sin enojarme sobremanera. No me enojo como hace algunos años cuando me enojaba haciendo berrinches, pataleando y puteando a viva. Estoy enojado ya que todo el tema convirtió a una sarta de ignorantes en un caso de estudio de lo que es el efecto Dunning-Kruger. Me pregunto por qué.

Ubi mel ibi apes
El argumento fácil para justificar el éxito de sitios como el previamente mencionado (voy a generalizar otra vez, lero lero) es simplificar el hecho de el acceso gratis a contenido que de otra manera sería pago. Básicamente nos tratan de tacaños y nosotros nos defendemos como pobres. Pobres pero intelectuales, claro. En mi vida vi tanta gente debatir en blanco y negro sobre un tema que es tan gris.

La realidad de las cosas no nos deja ver que la necesidad de reformar el sistema de distribución, a pesar de ser urgente y necesaria esta siendo mal encarada en países que sufren el vestigio de un retraso cultural y un deseo de pertenecer a algo mas grande que ellos. En vez de luchar desde el lado de la promoción y la innovación se depende mucho de esfuerzos por quebrar el sistema en vez de mejorarlo. Al final nos parecemos a nuestros políticos que en vez de incentivarnos a crecer buscan “protegernos” mediante subsidios y restricciones que no hacen más que aislarnos tanto de la realidad como del mundo en general.

La innovación, a pesar de por definición ser disruptiva, no debería ser contraria al avance ordinario del orden normal. A pesar de que la sociedad y la cultura (o sus métodos de distribución) avancen mas lento que las leyes que lo regulan es importante que se siga la normativa en pos del avance. No significa que las leyes sean perfectas o que estén preparadas para avanzar, pero nadie jamás habla sobre como influir sobre el proceso o que están haciendo para cambiar el statu quo y eso es lo que más bronca me da.

Me hace acordar a esta situación en la cual en vez de debatir si se había cometido un acto ilegal o no debatíamos si la ley estaba bien o mal. Dura lex, sed lex.

Principiis obsta

Me voy a tomar un momento para revisitar el origen de lo que hoy conocemos como la ley de copyright (a pesar de que no haya una sola y que en español sea más complejo hablar de propiedad intelectual). En fin, a pesar que desde hace rato existen distintas protecciones a la creación de obras (porque la ley de copyright no protege ideas), el primer ejemplo concreto de un dictamen generado por el estado, en este caso Inglaterra conocido como el “Estatuto de Ana”. Básicamente, rompía con la una reglamentación anterior que proveía de propiedad ad infinitum a las imprentas que ya de por si eran un monopolio y traspasaba los derechos a los autores. Después de 14 o 21 años las obras, literarias en este caso se convertirían en parte del domino público.

Los autores podían licenciar estos derechos de publicación haciéndolos efectivamente los dueños de sus obras. Este estatuto evoluciona e involuciona varias veces hasta convertirse en lo que hoy nosotros entendemos como copyright. Corporaciones gigantescas, son dueñas de los derechos de publicación, reproducción y reutilización de las obras que les son cedidas. Más aún, la mayoría de estos conglomerados ahora las producen por lo cual son dueños íntegros de las obras más allá de su formato.

Pero suficiente sobre ellos. Hablemos sobre nosotros. Hablemos sobre nuestra dicotomía argumentativa. Lo libre no necesariamente es gratuito.

“Free software is a matter of liberty, not price. To understand the concept, you should think of free as in free speech, not as in free beer.” – Richard Stallman

Parte del problema es que la mayoría de nuestros argumentos replican otros que son anglosajones así que cortesía de la educación que pagó mi madre por 20 años, aquí la clase de inglés y una moraleja antes de seguir con nuestra historia.

  1. free |frē| – not under the control or in the power of another; able to act or be done as one wishes
  2. free |frē| – given or available without charge

Constantemente confundimos, o hacemos de cuenta, que lo gratis y lo libre son términos intercambiables cuando no lo son. Basta de mentirnos entre nosotros. Yo también descargo y comparto, pero por lo menos lo digo bien claro.

Habent sua fata libelli

La mayor parte del entendimiento humano y su razonamiento pasan directamente por construcciones que hacemos como sociedad, a veces entendidas como cultura y otras que ya pasan a considerarse sentido común. El sentido de propiedad es una de estas asociaciones libres que constituimos en un esfuerzo para organizar las relaciones societarias. De la misma manera fabricamos el concepto de intercambio y le asignamos un valor (o función) a las cosas.

Pero no me quiero distraer de mi punto, el clave, en este debate. Desde Latinoamérica en general se cuenta con una ventaja en la discusión sobre porque se infringe tanto el copyright y porque sitios como Cuevana son tan populares. Hay un vacío, tanto legal como de varios otros tipos, como cultural y técnico, que permite justificar nuestras actividades…ilegales.

El contenido no llega. No nos llega o llega tarde y nos sale caro. Es un negoción y nos están cagando. Para que voy a esperar 6 meses para ver una serie que me van a spoilear en 1 día y puedo bajar en 20 minutos. GRATIS. Yo no se ustedes, pero no me cierra.

Tienen razón, nos están cagando. Y si, podrían evitarlo pero les conviene mas pelearse y dar de baja sitios que mejorar como funciona el sistema porque hasta el día de hoy les funciona a ellos y no les importa quien compra mientras compren.

Escuché a Tomás Escobar, fundador de Cuevana (sobre el cual voy a hablar brevemente a continuación), decir que la sociedad no tiene que adaptarse a las leyes sino que las leyes adaptarse a la sociedad y lamento decir que no podría estar mas equivocado. La naturaleza del la democracia indirecta indica que nosotros como ciudadanos comunes estamos sujetos al derecho (y mas aún, la obligación) de accionar y forzar un cambio mediante los sistemas disponibles y concertados.

Atqui, e lotio est

Hace un par de días se filtraron emails (cuya veracidad fue comprobada de manera independiente por varias personas que aparecen allí mencionadas) del previamente mencionado fundador de Cuevana en el cual negociaba los mismos espacios de publicidad con los cual después negó ganar dinero. Lo que me produjo escozor, no fue que lo ganara, sino que mintiera tan descaradamente en una entrevista que produjo joyas como:

“Cuevana no tiene anuncios de publicidad (…) tampoco es una empresa ni puede facturar. No tiene formas de ingresos.” – Tomás Escobar

Sociedades anónimas, centrales de medios y tarjetas de debito con 18 mil dólares (y cuanto más que no sabemos!). Me quede sin palabras casi tan rápido como el resto de los que leyeron los emails el sábado al mediodía. No voy a atacarlo personalmente, no tengo ganas, ni tiempo. Pero espero que ayude a entender la naturaleza individual del sistema.

Es un negocio, de un lado y otro. Nadie esta libre de culpa. Hasta las terceras partes que aprovechan y manipulan al sistema de un lado y de otro para ganar. Porque eso es lo que hacemos todos, jamás sin intención, jamás sin una agenda. Es el dinero lo que mantiene el sistema a flote y eso viene de algún lado. Usualmente son los usuarios así que espero que no se termine de jugar con quienes depositaron su confianza en Cuevana en pos de entretenerse. No se olviden que sus emails, hábitos de consumo y hasta comportamiento en el sitio esta en manos de gente que al desdoblarse se desdibuja.

Espero que lo que esta en la justicia se termine de resolver en la justicia. La interpretación legal se la dejo al juez y a los abogados que estoy seguro van a tener algo para decir mediante una apelación al primer fallo.

A Tomás, en lo personal, un consejo que Jorge Luis Borges expresa infinitamente mejor de lo que yo podría.

“Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.”

Aut viam inveniam aut faciam

Al resto, los dejo con una idea. En vez de buscar cortocircuitar el sistema porque no buscar sus puntos débiles y explotarlos con una idea que revolucione la distribución y consumición de la cultura. Fomenten esa cultura que quiere libre, pero no gratuita. No por avaricia sino por supervivencia. Busquen mejores maneras de consumir el contenido “independiente” que esta ahí afuera. Apoyen a su banda favorita, vayan a Kickstarter y miren con otros ojos a la hora de hacerlo.

Aprendan a ser sinceros con ustedes mismos y a apoyar lo que los hace felices mientras van a la oficina con cara de culo. Esa canción o esa película que vieron anoche. Porque no todo viene de Hollywood, pero en la pelea cuesta arriba embolsamos a todos por igual. No apoyo a ningún estudio ni discográfica. Quiero apoyar a los artistas, mi banda favorita produjo su álbum en Kickstarter. Y soy el tipo mas orgulloso del mundo al haber podido ayudarlos a hacerme feliz, es sinergía pura.

Yo tengo un blog en el cual armo y comparto playlists que se bajan como mp3′s. Estoy en clara violación de la ley en Estados Unidos (donde vivo y están los servidores), busco compartir música que me gusta con un grupo de personas con intereses afines. Todo armado para responder ante el primer poseedor de copyright que no quiera que su música sea compartida de esa manera. Lo hice antes, y lo voy a volver a hacer todas las veces que sean necesarias. Compro todas las canciones que subo, jamas hubo publicidad en el sitio e invierto mi tiempo y dinero en que funcione. Sin ánimos comerciales, no gano nada ni pierdo nada. Me hace feliz.

Sería más feliz si alguien se hiciera multimillonario ayudando a producir contenido que se auto-regule con precios que varían según la demanda. Sería mas feliz aún si alguien me sorprendiera el día de mañana con un modelo de distribución real que desafíe a los que hoy existen. Esa solución tiene que venir de una región que sufre por la desconexión como Latinoamérica, somos más inteligentes que esto, donde están los entrepreneurs?

Alguien? Ya es hora.

Post escrito por Santiago Pochat que se aburrió de escribir en inglés y grita esporádicamente cosas elocuentes en Twitter como @sapochat

Hominem, memento te

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Mientras ponderaba el hecho de que deberle un post a Mariano era peor que sacar un préstamo me di cuenta de una cosa: “estamos convencidos que por Internet la información es gratis y accesible”.

En los últimos 15 años nos hicimos acreedores de una teoría fenomenal e irreal como pocas veces hemos visto, somos los dueños de la verdad. En mi rol de discutidor profesional de las cosas que pasan cuando uno está en Internet me cansé de ver gente que reclamaba que el acceso a la información, toda, entera, debería ser irrestricto y gratuito. La cruda realidad es que la información no es gratuita en ningún modelo ni escala posible. Alguien siempre paga las cuentas, hay un costo asociado con la información y por ende hay un costo distribuido a través del modelo que el distribuidor de la información crea conveniente. Ya sea publicidad o paywalls divertidísimos que nos hacen la vida moderadamente más dificultosa la información tiene sustento comercial.

Encontramos otra digresión violenta con servicios que parecen gratuitos pero no lo son y encima nos quejamos cuando lo descubrimos.

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Ay Community Managers!

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Por Santiago Pochat. Nunca en la historia de la comunicación corporativa contemporánea ha sido tan fácil cometer errores brutales, nunca se ha sido tan irresponsable con los voceros, nunca se ha dejado tanto librado al azar, a la masa inconsciente que es el público objetivo. Nunca se han contratado cuasi-adolescentes que dominan servicios en pos de la experiencia. Nunca se ha entregado tanto por tan poco. Ese es el compromiso corporativo del siglo XXI, entregar la marca (logo y todo) a un grupo genial cuya influencia es infinitesimal. Un grupo que ha tenido que generar un mercado propio, con conferencias, white papers y todo para justificar su existencia.

Me resulta casi curioso que siendo esta la era del conocimiento distributivo todavía haya actores claves de mercados emergentes que no entiendan la limitación de lo que están tratando de vender. El concepto, como lo entiende la industria, de Community Manager es básicamente el de un vocero, a veces sin voz ni cara, mecanizado, que por cuestiones generacionales dominan herramientas de comunicación que los viejos gigantes no. Entienden códigos de lo que parece masivo y resulta aterrador, como el Frankestein de Mary Shelley. Algo hecho de partes de otros medios de comunicación, una pizca de pimienta (porque al fin y al cabo sigue siendo Internet) y el factor humano/social. Un desastre, quien contrataría a alguien sólo porque sabe usar Excel, digo Twitter? Aparentemente todo el mundo.

Señores, su compañía merece dejar su estrategia comunicacional, su primera y última línea de defensa a alguien que sepa mas de comunicación y menos de Twitter. Les pido por favor que re-examinen o le den la posición a su secretaria veinteañera que está 9 puntos ;) Continue reading

#$@!&%

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Por Santiago Pochat. Yo culpo al cansancio, la ignominia de algunos y la ignorancia del resto. De qué? Los culpo de no entender la imperfecta división que genera Internet como ecosistema, como plataforma y como órgano vivo representativo de nuestra evolución absolutamente anti-natural de nuestros derechos percibidos y adquiridos.

La libertad, por definición y por principio debería ser lo más abarcativa posible (N. del E: Digo posible porque no todos son libres en las sociedades más libres aunque nos guste creer que si) Estamos sujetos a varios factores que limitan nuestras libertades que son usualmente obviados por ser poco relevantes a la discusión final y que tienen que ver con terceras partes que la afectan. Parte de este problema proviene de la desnaturalización del mundo online. Estamos convencidos de que las reglas y convenciones aplicables al mundo offline no corren ni cuentan, que el anonimato y las amenazas vacias, las opiniones vagas y poco informadas y hasta la estupidez mágica que nos rodea es posible porque en este mundo se puede todo. Es un mundo donde los voceros de las compañías ultimamente son quinceañeros (no literalmente, crítico online) o tarados que les cuesta entender su rol en el negocio de su cliente. Continue reading

Innovation Saturation: Economía para Tablets

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Por Santiago Pochat. La ley del “innovation saturation” es el perfecto catch-all para entender mejor el ciclo en que la tecnología (y la mayoría de los productos) funcionan en un mercado determinado antes de experimentar un pico de producción y originalidad para morir lentamente.

Tom Osenton autor de “The Death of Demand”, introduce este concepto y lo explica en más detalle:

Cada innovación exitosa disfruta de dos tendencias principales en su vida: un período de crecimiento sostenido por un período de constante disminución de la tasa de crecimiento. El punto en el que una tendencia alcista se convierte en una tendencia bajista se conoce como la saturación de la innovación (innovation saturation). Iniciativas originales de comercialización y estrategias de crecimiento no orgánico, tales como adquisiciones o la expansión comercial, pueden atenuar temporalmente la tasa de disminución del crecimiento. Sin embargo, a largo plazo, una vez que la tendencia a la baja se inicia, no puede ser revertida.

La saturación de la innovación se está introduciendo en nuevos y emergentes mercados más rápido que nunca hoy en día. Estos mercados se populan y hacinan extremadamente rápido debido a la propagación de la información, tanto debido a su velocidad y magnitud que es por decir poco, abrumadora.

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Secretos en reunión

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Por Santiago Pochat. Hace unos días Mariano escribía sobre la debacle de Wikileaks, su origen, presente y un análisis estrecho sobre su relación con la neutralidad de la web que expandió después en otro artículo. Hemos leído en miles de artículos, en cientos de diarios de alrededor del mundo sobre el contenido de los cables, su relación con los gobiernos y las potenciales polémicas alrededor de la misma. Lo que todavía no he visto es alguien que haya levantado la mano para avisar que este no es sino otro caso de espionaje y un muy estándar caso de súper intriga internacional. Nuestra disfunción y sorpresa frente a tan masiva noticia, que te interese la política internacional o no, es increíble e histórica, ha dado lugar a el mas fenomenal caso de amplifiación online que se haya visto hasta ahora.

El contenido es tan sensible y afecta de tal manera las dinámicas internacionales (sin mencionar egos personales de varios mandatarios), que se ha transformado a un claro delito en un caso sensacionalista digno de una novela que lees en el verano. Hillary Clinton tiene razón, la posesión de esta información, su metodología de obtención y posterior liberación constituyen un delito bajo las leyes de los Estados Unidos.

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Elogio de la percepción

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Por Santiago Pochat. Parte de la ceguera permanente a la que nos somete la tecnología a diario tiene que ver un poco con el exceso de información y un poco con nuestra propia incapacidad de entender que estamos ampliamente subdesarrollados para manejar estos volúmenes. Le llamamos exceso a aquello que nos supera, lo que nos excede y abruma. Como cualquier otra cosa en exceso, la información daña y perjudica como si fuera un virus desconocido que ha mutado de una gripe común.

Desde nuestro lado, indefensos (ya llegaremos a eso), no hemos sabido levantar esos muros conscientes usuales para evitar esta sobredosis. Pero es cuestión de tiempo, como con cualquier otra cosa, seremos nosotros o las generaciones que nos siguen quienes apliquen barreras de concreto frente a este bombardeo masivo y voluntario. Los medios, o su catalizador común hoy en día que son sus usuarios, nos rodean y envuelven de tal manera que la mayoría de la generación que nació con este modelo experimenta una deprivación sensorial agresiva a la hora de cerrar ese flujo.

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Inevitablemente humanos

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Últimamente me paso mas tiempo analizando la realidad objetiva de el trabajo que se hace online que el trabajo en si. El descubrimiento, casi mágico debería agregar, de como todo depende del contexto en el cual se interpreta y recibe es la primera señal de alarma de que el proverbial “deus ex machina” es una realidad que tiene como deuda pendiente

El ser humano, como ser social, depende de estas interacciones para funcionar como tal. Nuestra percepción global del mundo que nos rodea, por lo tanto, es menos abarcativa de lo que nosotros queremos creer realmente. Este es nuestro primer obstáculo, somos más limitados de lo que creemos. Es parte de nuestra naturaleza, dar por sentado que hay un mundo afuera aún cuando no nos aceptamos como parte integral y relevante del mismo.

Nuestro “club”, se ha transformado en un monstruo enorme, en millones de pasillos y puertas con gente detrás que es real, de carne y hueso, listas para interactuar de la misma manera que esa profesora universitaria que le mostró el escote a mi abuelo una tarde de hace como 60 años. Saludemos a todos los avatares mentirosos. La única conclusión lógica es que nuestra digresión pasa por esa percepción de nuestra violenta potencialidad online. Estamos todos conectados, siempre, en todos lados.

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El último gran héroe: Leroy Stick contra BP

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“(…) sometimes it’s alright to grab a stick and take a swing. Social media, and in this particular case Twitter, has given average people like me the ability to use and invent all sorts of brand new sticks.”

Den la bienvenida a Leroy Stick, el último gran héroe del Social Media. Leroy, medio habitante de Louisiana medio de Twitter nace como contrapartida a una catástrofe histórica en el Golfo de México. Un geyser desestabilizó una plataforma de perforación (que ahora yace en el fondo del mar) llamada Deepwater Horizon encendiendo un fuego que terminaría por hundirla y generar una ruptura incontrolable en el tubo que dirigía el crudo hacia la plataforma de ese pozo.

Pero no venimos a hablar de que pasó, si se podría haber evitado o hasta de cuales serán las consecuencias medioambientales a largo plazo. Venimos a hablar de Leroy Stick. Este personaje fenomenalmente gracioso y crudo, casi tanto como el petróleo, que generó esta tragedia. En poco más de un mes, la cuenta @BPGlobalPR, administrada por este personaje acumula 120 mil followers y hasta ha dado entrevistas a medios internacionales (siempre manteniendo el personaje).

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Popularidad vs. Relevancia = Influencia

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Constantemente vemos esfuerzos a diestra y siniestra por medir, cuantificar y explicar que es relevante o no en Internet. La influencia es parte cuantiosa de esta estadística y cuantas más listas, estadísticas y premios nos damos entre nosotros mas nos confundimos hacia que (o quienes) son las personas, compañías o marcas son las que al fin y al cabo nos influencian todos los días cuando nos conectamos.

tweetlevel edelman

El primer error, extremadamente común, es creer que la popularidad equivale a relevancia y por ende a influencia. Los números de followers, visitas o cualquier otro sistema cuantitativo que les gustaría usar para decirle a la persona que tienen al lado para hacerle notar que la tienen tanto o más clara que ellos es el primero que deberían olvidarse a la hora de considerarse importantes.

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